La tristeza no siempre significa sumergirse en lo más profundo y solitario de la vida, no es sinónimo de un lugar frío y oscuro del que hay que salir pronto; a veces, se convierte en una sonda directa al interior para conectar con el cuidado personal por medio de la introspección. Las emociones siempre nos traen noticias de nosotros, ¿qué dice de ti tu tristeza?.

Algunas personas consideran que la tristeza es una emoción que se debe mantener a distancia para no caer en un profundo sufrimiento. Para otras, la tristeza es una fuente de autocuidado, resiliencia, un lugar recurrente que nos recuerda los diversos colores de la vida.

Los siguientes párrafos muestran algunos matices y enfoques relacionados con la emoción de la tristeza, sus propósitos y posibles explicaciones. Te invito a hacer un breve y transversal viaje por esta emoción con el ánimo de motivar la reflexión y el aprendizaje personal.

¿Sentimos igual la tristeza?

Los seres humanos nos relacionamos con el mundo desde un paradigma particular, ello significa que observamos las cosas desde el particular “observador que somos“, y lo que percibimos como realidad obedece a nuestra manera de interpretar el mundo. Nuestro paradigma define las cosas que hacemos, sentimos y pensamos, y se construye en base a un conjunto de experiencias y aprendizajes a lo largo de la vida.

La tristeza es una emoción básica, universal, y tiene relación con la sobrevivencia humana. Al igual que todas las emociones no es ni buena ni mala, cada una se define por sí sola en función de la experiencia que hayamos tenido con ella. Al rededor del mundo las personas tendemos a expresar corporalmente de manera similar esta emoción, sin embargo el sentido que tenga la tristeza para nosotros dependerá del “observador” que estemos siendo en ese momento.

El cuerpo de la tristeza

Las emociones están conectadas con todo y forman parte de la estructura de la persona (creer que solo somos seres pensantes es muy reducido), irrumpen genuinamente en nosotros y se expresan en el cuerpo. Bioquímicamente, la tristeza se asocia a un bajo nivel de serotonina, neurotransmisor que ayuda a regular el estado de ánimo, el comportamiento social, el apetito, la digestión, el sueño, la memoria, el deseo y la función sexual.

Algunas de las expresiones perceptibles en el cuerpo son: cambio en la frecuencia cardiaca, en la respiración (agitación/apnea) y en la temperatura, variaciones en el rango de visión (periférica-focal), proyección y dirección del cuerpo (arriba, abajo, adelante, atrás), tensión/distensión muscular, etc. Las emociones se leen en nuestro cuerpo, por ejemplo en la alegría nos volcamos hacia afuera y en la tristeza lo hacemos hacia adentro; a continuación algunas señales generales:

  • Rostro: comisura de los labios hacia abajo, ojos caídos y mirada al suelo.
  • Movimiento: pausado, lento/quieto, pesado.
  • Dirección: comisura de los labios hacia abajo, mirada al suelo, hombros caídos.
  • Musculatura: hipotónica (pierde resistencia).
  • Respiración: la oxigenación disminuye, respiración lenta, Inhalación por nariz entrecortada, exhalación rápida por boca.
  • Tórax: Diafragma bajo, pecho hundido, columna encorvada.
  • En llanto: presión abdominal e intercostal, disminuye/desaparece la elasticidad corporal.
  • Social: aislamiento, ensimismamiento (me vuelvo hacia adentro).

Susana Bloch, psicóloga y psicofisióloga, descubrió los patrones respiratorios y posturofaciales de las emociones básicas (patrones efectores emocionales). A partir de su investigación creó el sistema “Alba Emoting”, que permite la inducción y modelación emocional por medio de cambios en la respiración y en la postura corporal y facial. Esto posibilita gestionar autónomamente nuestra forma de relacionarnos en ciertas situaciones: si cambio mi forma de respirar estaré cambiando mi emoción (ver).

Emociones aceptadas versus emociones rechazadas

Carl Gustav Jung [1875-1961], psicólogo y médico psiquiatra suizo, habló de la “sombra” como uno de los arquetipos principales del inconsciente de la personalidad. La sombra es la totalidad del inconsciente. Ella posee características de la persona que no considera como propias; es decir, cada persona posee rasgos y actitudes que desconoce, y que no son asumidas por la consciencia por ser incompatibles con la personalidad que predomina en nuestra psique.

Para Jung estas características rechazadas no desaparecen, permanecen en la sombra. ¿Cuánto de nosotros hemos enviado al confinamiento del inconsciente?… ¿Cuáles son las emociones que rechazamos? (ver actividad: “polaridades”). Ignorar la tristeza no es sinónimo de alegría, el hecho de no ser conscientes de nuestra tristeza no nos libera de ella y sus consecuencias. La tristeza permanentemente ignorada, o rechazada, se encapsula en alguna parte de nosotros, en algún rincón de nuestro ser.

El filósofo alemán Friedrich Nietzsche [1844-1900] formuló la siguiente frase: “Aquel que lucha con el monstruo debería cuidarse de convertirse en uno. Cuando miras largo tiempo el abismo, el abismo también mira dentro de ti” [Más allá del bien y del mal, 1886]. En ocaciones al tratar de huir del mal, de la rabia o la pena, de todo aquello que rechazamos, acabamos convertidos en algo peor. ¿Cuánto tristeza aceptamos en nuestra vida?.

¿Cuándo se convierte en mi enemiga?

En la tristeza existen matices, como en todas las emociones, y en esta escala también hay extremos. Cobra importancia leer las señales que aparecen en la conducta, cuerpo y pensamientos con el fin de monitorear nuestra propia la salud emocional, y también prever situaciones complejas.

Si me arrastra la desgana de vivir; si siento una profunda sensación de fatiga corporal prolongada en el tiempo; si experimento una pena difícil de gestionar que me dificulta la vida social, laboral, familiar; cuando tengo la sensación de alejarme de la energía de la vida… ahora es tiempo de buscar apoyo en los y las especialistas de la salud.

Los médicos psiquiatras se refieren a la “tristeza patológica” cuando hay una alteración de la afectividad que produce un descenso del estado de ánimo, que puede incluir también pesimismo, desesperanza y disminución de la motivación.

Santo Tomás de Aquino [1225-1274] propuso cinco remedios para aliviar o mitigarla la tristeza: el placer o delectatio, que es el descanso del alma como la tristeza es su cansancio; el segundo es el llanto, desahogo del dolor que impide su enquistamiento y lo alivia; el tercero es la compañía y el amor de los amigos; el cuarto es la “contemplación de la verdad”; el quinto es el sueño y el baño (ver).

La tristeza nos trae noticias

La tristeza aparece con el duelo o con la lejanía de un ser querido; nos ponemos tristes al creer que estamos perdiendo la juventud, el distanciamiento de los hijos, un quiebre matrimonial, la pérdida del empleo, la falta de amor, de amistad, de placer, etc. Cuando nos separamos de aquello que consideramos valioso llega la tristeza a recordar lo frágiles que somos frente a “la pérdida”. La tristeza es una emoción que nos enfrenta al propio ego, al apego, a la soledad, al miedo, a nuestra propia in-seguridad.

Las emociones nos traen noticias, y siempre tienen sus propósitos. La tristeza nos ofrece la posibilidad de estar con nosotros (vivir la introspección); nos enseña a aprender de uno mismo; a sentir empatía al ver la vulnerabilidad humana, la propia, y acompasar el corazón. A veces la tristeza es un detonador que nos impulsa a soltar una relación tóxica, a fortalecer nuestra autoestima, o a madurar.

La acción de profundizar en la experiencia emocional tendrá valor en la medida que pasemos un tiempo de buena calidad con nosotros mismos. A veces cuando algo fuerte nos impacta creemos que todo se detiene, como si ese algo fuera eterno en el tiempo; sin darnos cuenta que cualquier evento o cosa también pasará y nos dejará una enseñanza. La contemplación de lo verdaderamente importante y sencillo de la vida nos puede llevar a descifrar con calma y sin apuro los misterios de nuestro ser.

También es mi recurso

La tristeza envía una señal a nuestro entorno advirtiendo al resto que necesitamos cuidado, ayuda, comprensión y apoyo. Es una sonda que trae noticias de nosotros a quienes nos rodean.

Las emociones se expresan en el cuerpo como un lenguaje genuino del ser. Aprendamos a traducir este  lenguaje en palabras y de esta forma comprender aquello que nos quiere decir. Cada vez que una emoción se esconde, o maquilla de otra, nos confunde. Fortalecer nuestra inteligencia emocional nos ayuda a comprender con mayor claridad aquello que nos pasa, con quién nos pasa, dónde nos pasa… Y también comprender con más recursos al resto.

Los peripatéticos (alumnos y seguidores de Aristóteles) consideraron que la tristeza puede ser buena teniendo en cuenta que hay “tristezas naturales”, como cuando una viuda/o sufre por la muerte de su esposo/a, o una madre con la pérdida de su hijo/a. La tristeza entonces es un proceso natural y necesario para el restablecimiento del equilibrio interno y emocional de la persona que ha perdido a un ser querido (ver).

¿Es tristeza?

Preguntémonos siempre: ¿es tristeza aquello que siento?; a veces la respuesta nos puede liberar de una eterna condena. El ejercicio de pensarnos y cuestionarnos nos permite reinterpretar las cosas una y otra vez. Convoquemos, entonces, a la mayéutica para aprender las verdades que esconde nuestro ser.

A veces tenemos tan a la mano una emoción que reaccionamos fisiológicamente de la misma forma frente a diversos estímulos. Por ejemplo, reír con una comedia y también con una tragedia (o una conversación seria, un abrazo sentido, un despido…), la risa se vuelve una expresión recurrente y útil en diversos escenarios, encubriendo el sentimiento real que nos provoca un estímulo u otro (“bypass emocional”). ¿Será que frecuentamos más aquellas emociones que nos han dado mejores resultados en el pasado?, ¿estarán socialmente más aceptadas ciertas emociones?.

Facundo Cabral (escritor, filósofo y cantautor) dice: “No estás deprimido, estas distraído. Distraído de la vida que te puebla, tienes corazón, cerebro, alma y espíritu… entonces cómo puedes sentirte pobre y desdichado” (ver).

La tristeza es inevitablemente nuestra, nos pertenece tanto como cualquier otra cosa que provenga de nosotros. Es una fuente de aprendizaje, inspiración y transformación. El pintor holandés Vincent Van Gogh [1853-1890] dijo “mi juventud fue triste, fría y estéril“, y en los últimos meses de vida experimentó una profunda crisis que él definió como “el punto de partida de uno de los episodios más tristes en una vida ya plagada de tristes acontecimientos“. Murió atormentado y creyendo que su vida artística fue un verdadero fracaso; sin embargo, en el presente sus cuadros son parte de las piezas de arte más valiosas del mundo.

LA TRISTEZA - VICTOR HUGO LARA

Portada: “En el umbral de la eternidad” (1890), Vincent van Gogh


  • Victor Hugo Lara. Coach Ontológico, Corporal y Sistémico de Equipos. Magíster en Educación Superior. Profesional dedicado al desarrollo de habilidades transversales en contextos de educativos y organizacionales.