La víctima es aquel que vive como una oveja: quejándose de todo sin hacer nada. El protagonista es quien se hace cargo de aquello que le ocurre, asumiendo las consecuencias de sus acciones, se responsabiliza sin culpar al resto. 

Víctima versus protagonista

Observaremos esta temática desde los extremos, sin desconocer que hay matices entre medio de ambos (víctima/protagonista). Independientemente del lugar en que estemos, hay que considerar que hablaremos del poder.

¿Quién puede hacer que las cosas cambien?

Ampliemos la reflexión: ¿quién es responsable/culpable de lo que me pasa?… En la respuesta a esta pregunta, puede ser que el nombre de esta persona (o cosa, o momento, o lugar), tenga en sus manos mi bienestar.

Si mi situación actual depende de un otro/a, no tendré el poder suficiente para hacer que las cosas cambien a mi favor. Le he endosado mi bienestar a otra persona. Y solo esta persona puede modificar aquello que me pasa. El otro es el culpable y yo la víctima.

Si en la respuesta estas preguntas aparece mi nombre podré hacer algo al respecto. Creer que puedo cambiar las cosas (en primera persona), y sentir con vehemencia que mi bienestar depende de mí gestión, me hace protagonista de esta historia: único responsable de aquello que me pasa.

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La víctima suele ser inocente de las cosas que le pasan, por que no puede advertirlas, no puede evitarlas, no puede cambiarlas… o tiene la autoridad suficiente para hacerlo: cedió este poder a otras personas. Por el contrario, el protagonista se involucra con sus asuntos encargándose de su propio bienestar, y si algo externo le impacta sabrá como enfrentarlo y reaccionar (tiene plena autonomía).

La víctima, a veces sufre en silencio la impotencia de no poder hacer algo distinto. A veces adopta la voz de “la queja”,  sembrando y difundiendo entre el resto la sensación de estar atado de manos.

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Mi estrategia adaptativa

Tanto la víctima como el protagonista obedecen a aprendizajes experimentados  lo largo de la vida. Cualquiera sea el lugar que adoptemos, estas reacciones son respuestas aprendidas que, de repetirse, nos llevan a obtener beneficios o resultados particulares.

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Mis reacciones

Las personas reaccionamos de diversas maneras a los estímulos del entorno. Estos estímulos pueden ser eventos de la naturaleza (lluvia, sol, frío), situaciones propias del contexto, o también las personas cuando hacen algo que de alguna u otra forma me impacta (o cuando dejan de hacer algo… y de igual forma me impacta).

Tomar consciencia de nuestra reacción es un acto voluntario, posible de entrenar volcando la atención hacia uno mismo. Una forma es atendiendo al cuerpo y sus expresiones fisiológicas (temperatura, dirección, movimiento, respiración, flujo sanguíneo, musculatura), cada expresión corporal habla de nosotros en ese contexto. El cuerpo no miente, es genuino y auténtico, y responde permanentemente frente a los estímulos que nos rodean. Nos revelamos en el cuerpo.

Otra manera de entrenar la atención es procurando vivir en el ahora, experimentando plenamente aquello que está ocurriendo en el lugar donde estamos en este momento (vivir el presente). Ampliar nuestro registro sensorial y descubrir todo aquello que pudiera pasar desapercibido a nuestros ojos, oídos, olfato o tacto. Despertar en el presente y quedarse en él el tiempo que sea suficiente.

La atención hacia uno mismo se entrena, también, observando atentamente las palabras y pensamientos que tenemos. Hacer lo que hace el espejo: reflejar ante nosotros aquellos pensamientos que tenemos, los juicios que hacemos, las creencias donde sostenemos la persona que somos hoy, identificar nuestros patrones cognitivos, las respuestas aprendidas.  Nos revelamos en el lenguaje.

Toma de decisiones

Si somos conscientes de nuestras reacciones será posible administrar lo que viene después. La propuesta es: decidir conscientemente y hacernos cargo.

La toma de decisiones, de forma consciente, nos hace protagonistas de nuestra propia historia, y responsables de los resultados o desenlaces que habrán en ella. Tomar una postura, optar por un camino u otro, movilizarse por que así lo he decidido, tomar en nuestras manos el futuro que queremos.

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“Tomar consciencia de mis decisiones me hace protagonista, y también responsable de mí y del impacto que generan mis acciones. Como protagonista puedo hacer que las cosas cambien a mi alrededor, como un director de cine lo hace en sus películas, y también puedo hacer que cambien dentro de mi como un artista diseñando su obra. Asumiendo el rol de protagonista puedo alcanzar logros propios y vivir la vida que deseo vivir, no la que otros han decidido por mí.