Mirar al miedo con detención y paciencia, escucharle y aprender de él, sorprenderse, que sabio aparecido nos alerta de algo que no hemos percibido anticipadamente.

#ElMiedo

El miedo es una emoción básica y primaria que está presente en todas las culturas, incluso en los animales. Esta emoción aparece cuando “percibimos le peligro”. Por ejemplo, cuando nos sentimos amenazados por algo o alguien, cuando creemos que se vulneró algo nuestro (construido o ganado),  o cuando percibimos celosamente el “riesgo” del cambio.

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El miedo aparece cuando sentimos amenazada nuestra esencia, creencias, valores, integridad y/o dignidad física y/o mental. Sea cual sea el caso, con el miedo reaccionamos: el miedo es acción.

Su origen

El miedo puede ser breve o prolongado, grande o pequeño, grave o trivial. Lo que sabemos de él es que siempre proviene de nuestro interior, aunque a veces  creamos lo contrario responsabilizando a otros de nuestros miedos. Hay momentos en que, equivocadamente, creemos que la culpa de nuestro miedo es porque “otros hacen lo que hacen”, y eso puede causarnos dolor y/o sufrimiento.

Existe una tendencia controladora en el miedo; y tal vez esta tendencia (el control) esté fundada en el mismo miedo. Sea como sea, si el miedo no es invitado y solamente aparece ¿qué podemos hacer cuando llega y modifica nuestros planes?…

Lo que está a nuestro alcance es identificar el miedo y luego responder a él administrándolo (gestión de las emociones). Mirar al miedo con detención y paciencia, escucharle y aprender de él, sorprenderse con sus matices y colores, que sabio aparecido nos alerta de algo que no hemos percibido anticipadamente.

Lo realmente significativo parece no ser su disfraz, lo importante está en comprender que en ello hay algo nuestro.

El miedo se esconde…

En ocasiones el miedo se viste de celos, de amor, de alegría, de nervios, de pena… A veces se trasviste de rabia y/o cólera, en otras ocasiones lo hace con cara de inseguridad, o todo lo opuesto (seguridad). Lo ocultamos en la belleza, en el poder y/o en el control, en la seducción o en violencia, también en el cine de ficción, en la imaginería social o en un nuevo par de zapatos…

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Lo realmente significativo parece no ser su disfraz, lo importante está en comprender que en ello hay algo nuestro. Cual sea el origen fundacional de “aquello que nos surge como miedo” es primordial aceptar que forma parte de nosotros (tomar consciencia); y si se desea, trabajar para superarlo aprendiendo de él.

El cuerpo del miedo

Biológicamente esta emoción tiene características claras y visibles: ojos abiertos y pupila dilatada. La musculatura corporal es contraída y pegada al hueso. La dirección del cuerpo es hacia atrás, en retroceso, y luego si el miedo resulta en “rabia” el cuerpo se dirige hacia delante en posición de ataque. En cuanto a la respiración, esta emoción provoca inhalaciones en apnea por boca.

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Otras características biológicas del miedo: alza de insulina, aumento en la frecuencia cardíaca, reducción del volumen sanguíneo y disminución de la temperatura periférica provocando palidez y frío.

Frente al peligro nuestro cerebro primario reacciona activando la amígdala, situada en el lóbulo temporal, desencadenando la sensación del miedo. La respuesta a esto puede ser: la huida, el enfrentamiento o la paralización.

Su objetivo

El miedo cumple con la función “adaptativa”. Esta función surge como  mecanismo de supervivencia y de defensa, es por ello que el cuerpo se dispone para responder rápida y eficazmente ante el peligro.

Nuestra cultura occidental la sitúa entre las emociones negativas… ¡Es deber de todos enfrentar con coraje las vicisitudes y cambios!, nos dijeron cuando niños… Pero el miedo no sabe de estos acuerdos, aparece y a veces se instala resistiéndolo todo. ¿Si es inherente al ser humano por que rehuimos al miedo?.

¿Miedo o control?

Sufrimos cuando no podemos controlar las cosas que nos ocurren. Pero, ¿cuántas cosas podemos controlar realmente?.

El control es  una ilusión, no tenemos la capacidad de controlar ni la mitad de las cosas que pensamos, y más aún de las que están afuera de nuestro alcance. Tomar consciencia de esto, y aceptarlo, nos facilita fluir en relación al resto de las cosas que nos rodean.

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Es imposible controlar el miedo ya que aparece por si solo sin transitar por la razón. Sin pensarlo llega y, si es persistente, se instala dominando nuestro sentir, pensar y hacer.

Dirán que hay cosas que no es necesario levantar hacia el dominio racional (mejor no hablar de ciertas cosas…); y habrán ocasiones donde es mejor dejar las cosas como están para evitar problemas. Pero, ¿será el miedo también la razón de aquello?.

No es pecado pensar diferente, sin embargo resulta antinatural creer que no habitaremos el miedo a lo largo de nuestras vidas.

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Bienvenida sea la emoción del miedo, con su disfraz sombrío y cara cobarde, que en ella hay más de nosotros de lo que imaginamos, que con el miedo aprendemos a evitar el inminente peligro. Observemos con coraje nuestros miedos, y puede que haciendo este ejercicio estemos respondiendo otra incógnita de nuestro presente y de paso alcanzando el anhelado bienestar.