Observemos conscientemente nuestras costas, muelles y sus profundidades, y en este ejercicio comprendamos aquello que resulta de nuestra relación con el mundo.


En una clase me pidieron abordar el tema de la “responsabilidad”, y la definición que tomé fue: “Responsabilidad es comprender que toda acción genera consecuencias”. Observemos conscientemente nuestras acciones, que en ellas nos revelamos.

Los seres humanos somos seres integrales (mente, cuerpo, emoción, energía). Ya lejos quedó el paradigma de humano = ser pensante, actualmente sabemos que primero “sentimos” y luego “pensamos”. La emoción es el motor de todo lo que hacemos, y en la emoción encontraremos información valiosas sobre nosotros. Las emociones son reacciones psico-corporales frente a un estímulo externo que las provoca, esta reacción habla de nuestra experiencia previa, nuestra historia vívida.  También reaccionamos de forma impulsiva, activando aquellos registros históricos de sobre vivencia. Cualquiera sea el lugar desde donde nos movilizamos generamos consecuencias.

La consciencia como un recurso

Tomar consciencia es observar con atención e interés aquello que hacemos, pensamos y sentimos. La atención y el interés son actos intencionados que requieren de voluntad personal (querer hacerlo).  Un recurso posible de entrenar para atender sus consecuencias.

El ejercicio de entrenar la atención para atender nuestras señales corporales, emocionales y racionales ofrece la posibilidad de ampliar nuestro rango de acción en el mundo: amplía nuestros recursos de forma responsable y consciente.

Ser conscientes nos da libertad de tomar decisiones. Por ejemplo permanecer, o no, en un espacio, mantener una relación o terminar ese vínculo, comer hasta reventar o parar cuando es necesario hacerlo. Estar presentes atendiendo estas señales nos lleva a tener “el poder” en sí mismo . Para algunos se trata de ser protagonista y no víctima.

Volver a mi verdad

La toma de consciencia nos ofrece también la posibilidad de ser auténticos en el mundo, ser auténticos con nosotros mismos (ser una marca propia). Caso contrario sería como andar por la vida con una talla menos de camisa, o vivir permanentemente en la insatisfacción: nunca ser suficiente (no alcanzar los estándares del resto).

La autenticidad tiene que ver con la verdad: “mi verdad”; comprendiendo que en el camino puedo encontrar muchas verdades. Un camino posible es sincerarnos frente aun espejo de forma genuina reconociendo las luces y sombras que me constituyen como la persona que soy hoy. Mi verdad también tiene relación con aceptar aquellas cosas que me permito hacer, sentir y pensar; y también integrar aquellas que rechazo y censuro de mí.

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En algunos casos nuestras verdades se encuentran y se entrelazan con las de otros “coincidiendo”. Nos acoplamos y nos entregamos a relaciones significativas, lazos que no pesan, donde todo fluye sin hacer un esfuerzo extra por mantener estas relaciones; vínculos que coinciden por que ambos avanzamos hacia la misma dirección. Relaciones donde nuestros propósitos se encuentran.

En otras situaciones, nuestras verdades se enfrentan a otras muy distintas, que chocan con nuestras verdades, lugares opuestos donde la sincronía es distinta. Si la intención es cultivar y cuidar este vínculo tal vez sea necesario negociar con el sistema y sus verdades: convenciendo a otros levantando una bandera de lucha; cediendo posturas acoplándose a su lógica; abandonando juicios o creencias para aceptar que las cosas puede ser diferentes. Cambiar de opinión y aceptar una nueva verdad.

Autenticidad versus sinceridad

No es necesario siempre transparentar mi verdad al resto para alcanzar la autenticidad plena personal y social. Basta con tomar consciencia de uno mismo y el contexto: no mentirme, o mentirme sabiendo que lo hago. Este acto de decisión voluntaria forma las bases de nuestra propia libertar y autonomía en el mundo. Llevar al dominio público mi verdad es un acto voluntario, genuino ; no hacerlo también.

Autenticidad es acercarse a lo que soy actualmente, lo que he sido siempre, y lo que deseo ser en un futuro. Formular una declaración determinando nuestra identidad pública hacia el resto, y pretender sostenerla a posteridad, no hará que el tiempo se detenga para mí, es decir, si digo “siempre seré igual” (queriendo ser más auténtico) es pretender encapsular mi identidad en el tiempo. Sin embargo el cambio es inherente a todo proceso humano. Las personas y el mundo a nuestro alrededor cambia, nada permanece igual con el paso de los años, todo se transforma en algo más.

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Mi seguridad

La autenticidad, también, tiene relación con nuestra seguridad personal para enfrentar  y aceptar lo que somos sin condenarnos juiciosamente al error o el fracaso. Nuestra seguridad se asienta en el pasado: en lo que fuimos, en el lugar desde donde existimos y nos construimos. Crece en la certeza de lo que sabemos y se alimenta con la tranquilidad de que seremos capaces de lograr futuros desafíos. La seguridad personal es opuesta al temor, al miedo, al control. Sin seguridad nuestra autonomía se debilita ya que se requiere de un apoyo externo para seguir avanzando (dependencia) .

La autenticidad va mucho más allá de la frase “sé tu mismo”. Es arraigarse, como un árbol, a lo que siempre he sido y además volar livianamente transformándome. Es integración. Es un camino en progreso.

Mi camino

Como seres integrales confiemos en la propia sabiduría que surge producto de la autenticidad humana. Sin otorgar menor valor a quién decide vivir en una gala de máscaras. En algunos casos el camino a la autenticidad es largo y requiere transformaciones a nivel de paradigma existencial. En otros casos, este camino puede ser breve, como cuando acaba un sueño profundo y comenzamos a despertar.

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