Observemos conscientemente nuestras profundidades para comprender y para explicarnos aquello que resulta de nuestra relación con el mundo.


En una clase me pidieron abordar el tema de la “responsabilidad”, y la definición que tomé fue: “Responsabilidad es comprender que toda acción genera consecuencias”. Prestar atención a lo que hago (mi acción), ofrece la posibilidad de actuar con responsabilidad de cara los resultados y las personas.

Los seres humanos somos seres integrales, no solamente actuamos de forma “racional”, también lo hacemos impulsivamente movilizados por el instinto y en ocasiones actuamos desde el dominio emocional vinculándonos con más personas. Cualquiera sea el lugar desde donde nos movilizamos generamos consecuencias.

Resulta importante prestar atención y tomar consciencia sobre las consecuencias que provocan nuestras acciones (desde el instinto, la razón, la emoción y a nivel espiritual) ya sea en otros y/o en nosotros.

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Observemos conscientemente nuestras profundidades para conocer y explicarnos aquello que resulta de nuestra relación con el mundo.

La consciencia como un recurso

Tomar consciencia es observar con atención e interés aquello que hacemos, pensamos y sentimos, y aquí volvemos nuevamente a las acciones: la atención y el interés son actos intencionados que requieren de voluntad.

Para algunas personas darse cuenta del impacto que generan en otros o en sí mismos es un acto sencillo; para otras personas tiene una mayor dificultad. El ejercicio de prestar atención a las señales corporales, emocionales y racionales ofrece la posibilidad de ampliar nuestro rango de acción en el mundo, dicho de otra forma: ampliar nuestros recursos responsablemente.

Ser conscientes nos da libertad de decidir estar o no estar en un lugar, mantener una relación o terminar ese vínculo, comer hasta reventar o parar cuando es necesario hacerlo. Estar presentes atendiendo estas señales nos lleva a tener “el poder” en sí mismo y no en un estímulo externo (locus de control). Para algunos se trata de ser protagonista y no víctima.

Volver a mi verdad

La consciencia nos regala la posibilidad de ser auténticos con el mundo, y principalmente con nosotros mismos (ser una marca propia). Caso contrario sería como andar por la vida con una talla menos de camisa, o vivir permanentemente es la insatisfacción: nunca ser suficiente (no alcanzar los estándares del resto).

La autenticidad tiene que ver con la verdad: “mi verdad”; y comprender que en el camino puedo encontrarme con muchas verdades. Sincerarnos frente aun espejo genuinamente encontrando las luces y sombras con las cuales nos hemos construido (experiencias, creencias, deseos, acciones, pensamientos…). En algunos casos nuestras verdades se encuentran con las de otros y coincidimos, acoplándonos e integrándonos en relaciones consentido, y parece que nada cuesta por que avanzan hacia la misma dirección. En otras, chocamos y resistimos iniciando así una negociación con el sistema y sus verdades: convenciendo a otros, cediendo posturas, soltando juicios o creencias, cambiando de opinión, o aceptando una nueva verdad.

Sobre lo anterior, no quisiera instalar la sensación de tener que transparentarlo todo para alcanzar la autenticidad. Basta con ser consciente conmigo: no mentirme, o mentirme sabiendo que lo hago para estar más cerda de nuestra esencia.

Respecto de los “autoengaños”, asumirlos forma consciente de cara a nuestra verdad nos da la posibilidad de “decidir voluntariamente” si aquello de lo que me doy cuenta quiero llevarlo al dominio público (ser sincero). Habrán algunas cosas que no serán necesarias publicar. Por otro lado convivimos permanentemente entre consensos sociales y civiles que nos regulan en estas cuestiones.

La autenticidad tiene que ver con nuestra seguridad personal para enfrentar  y aceptar lo que somos sin condenarnos juiciosamente al error o el fracaso. Nuestra seguridad se asienta en el pasado: en lo que fuimos, en el lugar desde donde existimos y nos construimos. Crece en la certeza de lo que sabemos y se alimenta con la tranquilidad de que seremos capaces de lograr futuros desafíos. La seguridad personal es opuesta al temor, al miedo, al control. Sin seguridad nuestra autonomía se debilita ya que se requiere de un apoyo externo para seguir avanzando.

La autenticidad va mucho más allá de la frase “sé tu mismo”. Es arraigarse, como un árbol, a lo que siempre he sido y además volar livianamente transformándome. Es integración. Es un camino en progreso.

Mi camino

Como seres integrales confiemos en la propia sabiduría que surge producto de la autenticidad humana, sin otorgar menor valor a quién decide vivir en una gala de máscaras. En algunos casos el camino a la autenticidad es largo y requiere de cambios paradigmáticos, para otros este recorrido es muy breve.

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